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El punto de venta, embudo de información

México, D.F. a 03 de Marzo de 2015.- Germán Madero. A los fenicios se les atribuye el invento de las actividades comerciales desde los anales de la historia; eran mercaderes de metales, maderas, tejidos e inclusive vinos, que intercambiaban a manera de trueque con las civilizaciones cercanas desde el segundo milenio antes de Cristo. Con el tiempo, en los grandes asentamientos humanos se instalaron mercados y se inventó el concepto de “tienda”.

Para facilitar las operaciones, se inventó la moneda, en sustitución de algunos artículos como granos, semillas y otros productos naturales que eran utilizados como dinero (en México, el cacao circuló como tal).

Desde la creación de los primeros comercios, existía un lugar donde se guardaba el producto que generaban las transacciones, y era celosamente cuidado por el propietario mismo o en su ausencia, por la esposa o alguno de los hijos, dada la desconfianza de delegar el puesto a un tercero. Si había faltantes, que quedaran en familia.

Miles de años después, este lugar al que luego se le denominó la “caja” de los comercios, sigue siendo el punto neurálgico de las empresas detallistas. A principios del siglo XX, las cajas registradoras electro mecánicas desarrolladas por NCR, Sweda y otros fabricantes pioneros en la industria, vinieron a solucionar en gran parte el control de los ingresos de las tiendas. Llevaban un registro del dinero recibido y cuando mucho lo podían desglosar por categoría de artículos; en los grandes comercios lo hacían por “departamentos”.

Fue hasta finales del siglo pasado, específicamente en la década de los ochentas, en que la informática le confirmó a este sector económico el nombre de detallista. El uso de computadoras personales emulando las funciones de una caja registradora, teniendo acceso directo a catálogos de artículos, precios, unidades de medida, etc. permitieron un seguimiento exacto del movimiento de las mercancías al pasar por el punto de venta.

Unos años más tarde, el perfeccionamiento en el uso del código de barras, su homologación universal y la fabricación de dispositivos de lectura, revolucionaron la agilidad, precisión y modernidad en los comercios que atienden al consumidor final. Hoy nos parece de lo más normal llegar a una tienda de conveniencia y en cuestión de segundos, pagar y salir con los artículos adquiridos. En países muy desarrollados, esta función inclusive, ya no requiere de un ser humano del otro lado del mostrador, los clientes pasan sus compras por una lectora, realizan su pago por cualquiera de las múltiples opciones y salen con su mercancía.

Lo que como consumidores desconocemos es, que la misión de la caja va mucho más allá de cobrar y registrar lo que se está vendiendo. Si bien la parte electrónica y mecánica han colaborado grandemente a eficientar esta tarea, los sistemas de información y las comunicaciones la han convertido en una herramienta indispensable para operar una tienda.

El registro computarizado permite conocer con precisión la existencia en unidades, el valor del inventario, los márgenes de utilidad, la rotación, las ventas por turno y por cajero, lo que más se vende, qué se ha quedado, cuándo y cuánto resurtir, etc. El paso de mercancía por el punto de venta, genera la información para optimizar la rentabilidad del establecimiento.

El avance en la industria de las telecomunicaciones, en particular del Internet, con todas sus caídas y deficiencias, ha sido el complemento a los puntos de venta computarizados. La recepción de pagos de servicios, venta de boletos para espectáculos, transportes, lotería y tiempo aire; la recepción de órdenes de pago en lugares remotos y hasta la disposición de efectivo cargado a cuentas bancarias, han convertido al punto de venta en una ventanilla de banco.

Los programas de lealtad o cliente frecuente se pueden incorporar en las empresas gracias al uso de los puntos de venta computarizados. Enlaces con sistemas de facturación electrónica, control de inventarios, cartera y contabilidad sólo son posibles gracias a una integración total de las diferentes áreas operativas del comercio precisamente con la información que emana de las cajas.

Otra aportación importante de la informática con este tema, es al pequeño empresario. En los últimos años, comerciantes de muchos giros, que anteriormente vivían de un pequeño establecimiento atendido por personal de la familia, se han visto desplazados por los grandes consorcios nacionales e internacionales que invadieron los ramos de abarrotes, materiales para construcción, papelerías y otros insumos. La única forma que tienen estos empresarios para mantenerse a flote, es crecer en número de unidades comerciales, y lo más probable es que el número de miembros de la familia, o no les alcancen o tengan otra vocación.

Mediante el uso de sistemas para punto de venta, se puede organizar profesionalmente el crecimiento de cadenas de cualquier giro, trabajando cada una en forma independiente o conectadas entre sí dependiendo de las necesidades. Esquemas de comercio digital (e-commerce), pueden inclusive complementar enormemente el desempeño de estas empresas.

En resumen, cada vez más se comprueba que la tecnología no garantiza el éxito de las empresas, pero sí es imprescindible para su crecimiento.

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